Como
se mencionaba en el punto anterior, los Terremotos son la gran causa
de tsunamis. Para que un terremoto origine un tsunami el fondo marino
debe ser movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el
océano es impulsado fuera de su equilibrio normal. Cuando esta
inmensa masa de agua trata de recuperar su equilibrio, se generan las
olas. El tamaño del tsunami estará determinado por la
magnitud de la deformación vertical del fondo marino. No todos los
terremotos generan tsunamis, sino sólo aquellos de magnitud
considerable,que ocurren bajo el lecho marino y que son capaces de
deformarlo.
Si
bien cualquier océano puede experimentar un tsunami, es más
frecuente que ocurran en el Océano Pacífico, cuyas márgenes son
más comúnmente asiento de terremotos de magnitudes considerables
(especialmente las costas de Chile y Perú y Japón). Además el tipo
de falla que ocurre entre las placas de Nazca y Sudamericana, llamada
de subducción, esto es que una placa se va deslizando bajo la otra,
hacen más propicia la deformidad del fondo marino y por ende los
tsunamis.
A
pesar de lo dicho anteriormente, se han reportado tsunamis
devastadores en los Océanos Atlánticos e Indico, así como el Mar
Mediterráneo. Un gran tsunami acompañó los terremotos de Lisboa en
1755, el del Paso de Mona de Puerto Rico en 1918, y ee de Grand Banks
de Canadá en 1929.
Las
avalanchas, erupciones volcánicas y explosiones submarinas pueden
ocasionar tsunamis que suelen disiparse rápidamente, sin alcanzar a
provocar daños en sus márgenes continentales.
Respecto
de los meteoritos, no hay antecedentes confiables acerca de su
ocurrencia, pero la onda expansiva que provocarían al entrar al
océano o el impacto en el fondo marino en caso de caer en zona de
baja profundidad, son factores bastante sustentables como para pensar
en ellos como eventual causa de tsunami, especialmente si se trata de
un meteorito de gran tamaño.
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